
Kevin Warsh fue confirmado 54–45 por el Senado el 13 de mayo, la votación más partidista para un presidente de la Fed en la historia de EE. UU. Trump lo nominó en medio de las expectativas del mercado de posibles recortes de tasas. El problema son los datos. El IPC de abril se situó en el 3,8%, el más alto desde mediados de 2023. El IPP se disparó un 6,0%. El petróleo supera los 107 dólares por barril con el Estrecho de Ormuz aún bloqueado.
Inflación versus el mandato. La Fed ha incumplido su objetivo del 2% durante más de cinco años. El shock energético de Oriente Medio ha elevado la inflación general al 3,8%, con los costes de vivienda duplicándose en abril y los precios al productor al ritmo más rápido desde diciembre de 2022. La postura oficial de Warsh —que el shock es temporal— es plausible pero frágil. Cada semana que el Estrecho de Ormuz permanece bloqueado hace que sea más difícil de argumentar.
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Los escenarios anteriores son ilustrativos y se basan en la información disponible actualmente. Los resultados reales pueden diferir sustancialmente. Esto no constituye asesoramiento de inversión.
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El DXY ha oscilado en un rango cercano a 101-104 desde marzo, un mercado que ha descontado tanto una flexibilización monetaria agresiva como un endurecimiento agresivo. Ese equilibrio es frágil. Una señal clara de incluso un solo recorte en el segundo semestre podría debilitar el dólar, beneficiar potencialmente al oro y aliviar la presión sobre los mercados emergentes. Un mantenimiento forzado o un giro restrictivo (hawkish) podría fortalecer el dólar y mantener ajustadas las condiciones financieras globales.
El riesgo más profundo es estructural. Con EE. UU. registrando un déficit anual estimado de 1,7 billones de dólares (proyección de la CBO para el AF2025) y la emisión de bonos del Tesoro en niveles récord, los mercados ya se están cuestionando la demanda de dólares a largo plazo. Si se percibe que Warsh recorta por razones políticas —o paralizado por un comité que no puede liderar— el resultado podría no ser un dólar simplemente más fuerte o más débil, sino más bien un dólar que algunos inversores podrían empezar a reevaluar como activo de reserva. Ese es el riesgo latente subyacente a cada escenario de tasas, y es el que ni Warsh ni la Casa Blanca pueden permitirse desencadenar.
Warsh fue nominado para flexibilizar la política monetaria. Los datos le indican que mantenga la postura. Su reunión del 16 y 17 de junio podría ofrecer una indicación temprana:: una disciplina restrictiva (hawkish) podría respaldar el dólar, una capitulación acomodaticia (dovish) podría debilitarlo, y cualquier señal de interferencia política podría erosionar la credibilidad de la Fed que sustenta ambos. Para los operadores de macroeconomía y divisas (FX), la era Warsh comienza con una incertidumbre significativa sobre la dirección de la Fed, no vista desde 2022.